Un corazón de vidrio
Evangelio según San Mateo 23,23-26.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno!
¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.
+++
¿Cómo está nuestro corazón? no me refiero al órgano que bombea sangre al cuerpo sino al interior de cada uno. De nada sirve tener un músculo cardiaco perfectamente equipado y entrenado para resistir maratones de treinta kilómetros si no está equipado para amar y dejarse amar.
Ante los demás podemos fingir grandes virtudes o aparentar mil cosas maravillosas, pero ante Dios somos frágiles y trasparentes como el vidrio. El Señor puede ver en el interior de nuestro corazón y saber bien qué hay allí. Es más, Dios alcanza a ver aquello que nosotros no (y siempre lo ha visto).
¿Qué habrá en nuestro corazón?
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno!
¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.
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¿Cómo está nuestro corazón? no me refiero al órgano que bombea sangre al cuerpo sino al interior de cada uno. De nada sirve tener un músculo cardiaco perfectamente equipado y entrenado para resistir maratones de treinta kilómetros si no está equipado para amar y dejarse amar.
Ante los demás podemos fingir grandes virtudes o aparentar mil cosas maravillosas, pero ante Dios somos frágiles y trasparentes como el vidrio. El Señor puede ver en el interior de nuestro corazón y saber bien qué hay allí. Es más, Dios alcanza a ver aquello que nosotros no (y siempre lo ha visto).
¿Qué habrá en nuestro corazón?
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
¿Y a ti qué te dice Mateo 23, 23-26?
Puedes escribir tu propia meditación sobre este mismo texto. Se publica aquí con tu nombre.
Escribir mi meditaciónOtras meditaciones sobre Mateo 23
De las 26 que hay en el archivo sobre este capítulo.
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