Sábado 25 de septiembre de 2010. Lc 9, 43-45
Soy como los discípulos: después de escuchar las enseñanzas directas de Jesús me quedo sin entenderlas y lo peor de todo es que no me atrevo a pedirle a Jesús explicación acerca de ellas. Pero, ¿por qué? Porque en ocasiones conviene más no entender que entender. Es más fácil decir «yo no sabía» a decir «yo sí sabía pero no quise hacerlo».
Tremenda enfermedad la que tengo, la del amor desmedido a mí mismo dejando a Dios y al prójimo sólo las migajas de mi «caridad».
«Escuchen bien esto que les digo: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres». Estas palabras, por el contrario, fueron comprendidas inmediatamente por María en el momento de la anunciación y también en el momento de la presentación. El que ama conoce, observa y entiende. Una madre entiende a sus hijos porque los ama y los observa. Pero, por el contrario, al que nada le importa la otra persona no se preocupa por conocerlo.
Entonces, sí me ocupo más en observar a la Inmaculada lograré amarla (porque es imposible conocerla y no amarla). Y con el amor a ella brotarán inconteniblemente los ríos de amor a la Santísima Trinidad.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
¿Y a ti qué te dice Lucas 9, 43-45?
Puedes escribir tu propia meditación sobre este mismo texto. Se publica aquí con tu nombre.
Escribir mi meditaciónOtras meditaciones sobre Lucas 9
De las 42 que hay en el archivo sobre este capítulo.
Lucas 9, 51-56
Gabriel López Lucas 9, 51-56
El fantasma de Juan
Gabriel López Lucas 9, 7-9
Domingo, 20 de junio de 2010. Lucas 9, 18-24 JR
Jessica Restrepo Lucas 9, 18-24
Padre, en tus manos me pongo
Gabriel López Lucas 9, 46-50
Lc 9, 51-56
Jessica Restrepo Lucas 9, 51-56
Lunes, 27 de septiembre de 2010. Lc 9, 46-50
Jessica Restrepo Lucas 9, 46-50