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Gabriel López Mateo 25, 1-13
Evangelio según San Mateo 25,1-13. 
Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.
Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite,
mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.
Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas.
Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'.
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.
Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'.
Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'.
Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.
Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos',
pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'.
Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

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En el Reino de los Cielos todos tenemos aceite para la lámpara. Todos hemos sido equipados para alumbrar y para esperar al esposo, pero es necesario tener aceite de reserva. ¿Cómo se consigue el aceite? por medio de las buenas obras y de la caridad ardiente. Es necesario estar preparados para el encuentro con Dios porque no sabemos cuándo vaya a ser. ¡Qué dicha poder recibir al Señor en cualquier momento! ¡qué dicha poder estar preparados siempre para la venida del Señor!
La vida de los hombres justos tiene un sabor dulce a pesar de las dificultades. La vida del justo está impregnada de la fragancia divina que la hace mucho más liviana. La vida del hombre de fe es muchísimo más rica y ligera que la vida del que no cree en nada. Dios, el esposo, vendrá en cualquier momento a la vida de cada uno, ojalá estemos dispuestos para recibirlo y tengamos nuestro aceite de reserva para esperarlo.
Que María, nuestra dueña y señora, nos enseñe a ser prudentes y no necios.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

¿Y a ti qué te dice Mateo 25, 1-13?

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