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Miércoles 10 de noviembre de 2010

Gabriel López Lucas 17, 11-19

Evangelio según San Lucas 17,11-19.
Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea.
Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia
y empezaron a gritarle: "¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!".
Al verlos, Jesús les dijo: "Vayan a presentarse a los sacerdotes". Y en el camino quedaron purificados.
Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta
y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.
Jesús le dijo entonces: "¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?
¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?".
Y agregó: "Levántate y vete, tu fe te ha salvado".

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Lepra

De los diez leprosos que fueron curados sólo uno tuvo gratitud con el Señor. Los diez fueron curados de la lepra, pero sólo uno fue justificado. «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su propia alma?», ¿de qué le sirve a un leproso quedar curado de su enfermedad si ni siquiera se va a acordar de darle gracias a Dios?

Nótese cómo aquellos nueve fueron curados y cada vez se alejaron más del Señor, en cambio el samaritano fue curado y cada vez se acercaba más al Señor. ¿Y yo, me estoy acercando o me estoy alejando? ¿Estoy actuando como mal judío o como extranjero?

De la mano de María tenemos la certeza de caminar siempre hacia Jesús. Con María la ruta siempre es segura.

Madre Inmaculada, que mi horizonte siempre sea Cristo. Que mi camino siempre sea Cristo. Que mi motor siempre sea Cristo. Contigo, por ti, en ti y para ti.

Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

¿Y a ti qué te dice Lucas 17, 11-19?

Puedes escribir tu propia meditación sobre este mismo texto. Se publica aquí con tu nombre.

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De las 19 que hay en el archivo sobre este capítulo.

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