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La impaciencia de los discípulos

Gabriel López Mateo 15, 21-28
Evangelio según San Mateo 15,21-28.
Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.
Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio".
Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos".
Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel".
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!".
Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros".
Ella respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!".
Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada.
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¿Cuándo se curó la hija de la mujer extranjera? Justo cuando Jesús habló con ella. No fue antes ni después, sino cuando habló con el Señor. ¿Cuántas reflexiones podemos sacar de esto?
La verdad es que el Señor probó allí la fe de la mujer y la paciencia de los discípulos. La primera salió bien librada, los segundos, perdieron la prueba.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

¿Y a ti qué te dice Mateo 15, 21-28?

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