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La Palabra de Dios, extensión de su amor

Gabriel López Lucas 4, 31-37
Evangelio según San Lucas 4,31-37.
Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados.
Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza; "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios".
Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño.
El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: "¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!". Y su fama se extendía por todas partes en aquella región.
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La Palabra de Jesús tiene fuerza. Pero, lo mejor de todo, es que tiene una fuerza especial, no una fuerza como nosotros creemos o queremos que la tenga. ¿A qué me refiero? a que la Palabra de Dios tiene una fuerza especial y misteriosa que se llama amor, porque Dios es amor, y porque Dios no puede dejar de amar. Y por eso, su palabra no es más que una "extensión" de su amor. Es como una lazo de amor, que llega a los corazones y los invita a dejarse atar.
¿Por qué Jesús expulsaba los demonios simplemente con su Palabra? porque los demonios no resisten el amor puro y verdadero. Y esto maravillaba a todos.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

Comentario:
En los tiempos de Jesús había muchas personas que expulsaban los demonios, pero todos ellos lo hacían por medio de rituales complicados. Se dice que usaban ramas, utensilios, tocaban a la gente, hacían raros movimientos, etc.
La novedad de Jesús estaba en la manera como expulsaba los demonios, sólo con su Palabra. Esto maravillaba a todo el mundo, y por esto es que se decía: 
"¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!". Y su fama se extendía por todas partes en aquella región"

¿Y a ti qué te dice Lucas 4, 31-37?

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