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Dame a beber de tu amor, Jesús, y seré cual manantial!

Gabriel López Mateo 11, 28-30
Evangelio según San Mateo 11,28-30.
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana".
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Si me preguntan cuál trozo del evangelio me gustaría conservar si sólo pudiera guardar en mi mente un pequeño párrafo, estoy seguro que este sería uno de los candidatos. ¿Acaso no son las palabras de un Padre amoroso y paciente? Me parece estar escuchando la vos serena de Jesús que comprende las fatigas humanas y la realidad del hombre.
Vengan a mí: Dios es el manantial de agua viva que alimenta al mundo, que sostiene todo el universo, y que sacia nuestra sed de eternidad.
Todos los que están afligidos y agobiados: Jesús nos acoge a todos como a hermanos. Todos tenemos lugar bajo sus alas para refugiarnos y encontrar consuelo. ¿Quién no está cansado y agobiado en este mundo? ¿podrá existir algún hombre que no se haya encontrado con la terrible decepción de la existencia humana aún en el exilio de la vida eterna?
Y yo los aliviaré: Jesús no dice: "y yo los consolaré", ni tampoco "y yo les daré fuerza". Dice "y yo los aliviaré" porque Él ofrece la cura para nuestra aflicción y agobio. Y este alivio se alcanza cargado con la cruz, siendo pacientes y humildes de corazón... porque su yugo es suave y su carga es ligera.
Qué hermoso saber que contamos con Jesús, alivio del alma, manantial de vida, vida eterna.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

¿Y a ti qué te dice Mateo 11, 28-30?

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