Saltar al contenido
← Buscar en el archivo

La oveja de Dios

Alfer Aristizábal
«¿Qué es el hombre para que tanto de él te ocupes, para que pongas en él tu atención?» (Jb 7,17). La oveja perdida, somos tu y yo, y de tal forma Dios deja sus 99 por venir por ti y por mí. El Señor se ha entregado hasta el extremo por nosotros pues somos sus hijos queridos, amados y necesitados de amor.

Es increíble ver como el Señor es capaz de darse por completo para rescatarnos de la perdición, el Buen Pastor es capaz de ir a buscar la oveja perdida porque la ama particularmente, porque la ama singularmente y exclusivamente, cada una de ellas significa mucho para él, en cada una de ellas ve su propia vida.

Así Dios no quiere que ninguna oveja se pierda, y para esto llama a sus apóstoles y misioneros para que vayan por el mundo buscando la oveja perdida, la centésima oveja.

Oh Virgen inmaculada enséñanos a ser apóstoles preparados para buscar ovejas perdidas pues en algún momento nos encontraron a nosotros y ahora nosotros queremos ayudar a encontrar las ovejas perdidas.

¡A ti madre querida, enséñanos a amar!
¡Ad Maiorem Dei Gloriam per María!