Mirarte a ti, María
Lunes, 20 de junio de 2011. Mt 7, 1-5
¡Fuerte! ¡Pero real! Jesús habla a sus discípulos, reconoce la autoridad que ellos tienen para la evangelización, la cercanía y contacto que tiene con las almas; sin embargo, les aclara y les habla con fuerza, exhorta al buen uso que se da a la palabra, a la intención que se tiene en el momento de evangelizar.
No se nos puede olvidar que somos frágiles y débiles, debemos esforzarnos y pedir constantemente la humildad, comprender que Jesús y María conocen las almas más que nosotros y es a través de la mirada de ellos que podremos verles objetivamente, amarles, hablarles, aconsejarles.
El discípulo constantemente evalúa su conciencia, mira la viga de su ojo, se reconoce necesitado y permanece unido al Amor para poder amar. Virgen Madre, dispón mi alma para reconocer mi pequeñez, mi fragilidad, para amar con tu corazón, para hablar con tus palabras. Gracias Madre, porque al mirarte a ti, se aclara todo.
¿Y a ti qué te dice Mateo 7, 1-5?
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